Y bien, Ramón sabía que Maritza llevaba las de ganar, y frunciendo los hombros se había despedido, así sin más ni más. Entendía que en asuntos de mujeres, estas llevaban la delantera respecto de los hombres, y entendiendo cómo Maritza trataba a Rogelio, prefería no discutir, a sabiendas que ella y María, la iban muy bien, además sabiendo que el próximo viaje sería con ellas; no se irían en el mismo carro, porque la camioneta solo permitía dos o tres personas, y comprendía que su oposición, no solo dañaría dicho viaje, sino que la discordia afectaría a Rogelio que no tenía más ojos, solo para ver a Maritza contenta, ya que además este lo hacía para quitarse a Aida que vivía entrometiéndose en todo lo relacionado con Rogelio, pues los celos le habían quitado al hombre que en anteriores años le había dado todo, y por los mismos, lo había perdido. Aunque Rogelio procuró que no le faltara nada con su separación, suponía que era la estratagema perfecta para hacerse el desentendido, y que el viaje programado no era más, que el disimulo para quitarsela de su lado, de una vez por todas. Tampoco pretendía, que su hermano siguiera sufriendo, por las constantes visitas que hacía esta al negocio que le administraba Fernando, pues entendía que la ambición de Rogelio era ampliar más sus negocios, con el viaje que pensaba hacer a Ibagué, Natagaima, Chaparral, Espinal y alrededores, pues como lo tenían planeado, era una correría de máximo tres o cuatro meses a lo sumo, y de esta manera darse un breve descanso merecido. Si, Maritza tenía todas las de ganar. Seguramente viajarían acompañados de la familia, mientras Fernando los iría surtiendo de mercancías desde Bogotá, basado en lo que más le solicitaran. Para este no era más que la argucia de Rogelio, aunque nunca previó que la falta de Maritza, también la hubiera pasado por alto. Sabía de los compliques de las mujeres, por estas decisiones de acompañar a sus maridos en esos viajes de trabajo, y de las incomodidades que tendrían que soportar, pero la sola presencia suya en Girardot, les haría retrasar los planes que tenían, aunque bien pudiera ser cierto, de la posible compra de un negocio en dicha ciudad. Ramón, prefería hacerse el desentendido, conociendo tan bien, a Rogelio.
María cuando supo de lo planeado por Maritza, se alegró mucho, mientras Ramón era atendido por su hermana, y se disponía a orar como lo hacía todas las noches, preguntándole qué para cuándo sería aquel viaje:
- Para ayer es tarde, María.
- Pero cómo? Respondió María.
- Sí, hermanita. Para ya.
Se sentía contenta y a su vez insatisfecha. No pretendía entrometerse en las cosas de su hermano, pero dudaba de próxima visita que tenían programadas a las tierras de sus padres.
- ¿Se la habrá olvidado? Pensó.
