Rogelio recordó cómo conoció a Maritza al mismo tiempo que la cercanía de la presencia de Numa se hacía más estrecha cuando asistieron en varias ocasiones al reencuentro del fraile muerto y sus supuestos milagros, que no eran más que la arrogancia del pueblo ante el holocausto sin sentido que vivía el país, y la sagacidad de algunos gobernantes pretenciosos para esparcir rumores a costa de aquellos crédulos que por su ignorancia les permitían ir más allá de lo esperado, y les auguraban el mejor de los mundos, sin tomar en cuenta la realidad en la que se encontraban. Numa fue uno de los que más llamó su atención sobre aquel engaño, y de los que se unieron para acabar con dichas creencias, mientras los incautos caían en masa ante los supuestos milagros que a diario se difundían en la publicidad de los periódicos, a espaldas de un gobierno que estaba convencido de que le permitiría saciar sus arcas personales. Aunque no era político, sabía que Omar prestaría mucha atenc...
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