44. Numa no creía en la suerte. Era más bien la oportunidad que alguien tenía en la vida para realizar sus sueños. No existían dentro de su mente las especulaciones que muchos hacen alrededor de las panaceas que se dan ante el presentimiento de esos prestidigitadores que con sus lenguas evocan a algún espíritu para leer las cartas del tarot, o los números de la suerte, en el que hombres y mujeres acuden por sus desesperanzas a estos milagreros para que les lean el futuro, o la forma como pueden paliar sus angustias económicas; o aquellas fórmulas de los lavados de cuerpos con las yerbas que los brujos aconsejan para que sus clientes superen las dificultades. Sus males siempre se los achacan a alguien en particular, y sin embargo, Numa creía que eran las mismas influencias sicológicas que los rodeaban las que producían semejantes desaciertos en sus vidas. No conseguir sus sueños ni amasar las fortunas que desean, ni triunfar en el amor, o realizarse como personas, no son más q...
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