Los silenciosos 2. Capítulo 6.

Rogelio estaba dispuesto a conseguir el lugar que quería en la sociedad santafereña, y para ello tenía a Maritza de su lado, pues esta creía que los deseos de los dos estaban más allá de las ambiciones personales, por la actividad que Rogelio desempeñaba como comerciante, y la habilidad suya que como buena componedora, lo animaba a destacarse más en el comercio bogotano. Sus dotes qué iban más allá de los que muchos creían, lo llevaban a comerciar en lugares desconocidos para el común de las gentes, e idéntico a Carlos en su manera de ser, ya sabían lo que lograrían en una ciudad cosmopolita, que ilusionaba a realizar los sueños por los que juntos creían. Aunque en apariencia eran ambiciones desmedidas, en realidad las conseguirían. Y es que el juramento echo ante ellas, sabía que pesaba, así tuvieran que pasar por necesidades, y además sabía que el hijo que tenían como propio, el compromiso de sacarlo adelante por los buenos caminos de la sociedad, sabiendo de paso que como en todo hogar siempre había la necesidad de los hijos que Aida no le pudo dar, y que fue la coartada perfecta de la que se valió Rogelio, procurando qué no le faltara nada de lo necesario para sobrevivir, y sabiendo de antemano la discordia de una mujer que lo engañaba, y además haciendo este lo mismo, en la búsqueda de su propio beneficio, con una mujer emprendedora como lo era Maritza, qué sin rescato lo mostraba como el perfecto marido que cualquier mujer podría anhelar como suyo.

Así somos los seres humanos, pensaba Rogelio, cuando Maritza lo interrumpió.

- Sabes amor que quisiera andar contigo en tus viajes para conocer mundo, y hacer nuevas amistades.

Rogelio compartia con ella ese deseo de trabajar en un mundo donde los hombres solo lo hacían, mientras estas se dedicaban a sus hogares, y aceptaban en parte que les ayudasen. Y sin embargo, lo pensaba dos veces. Sabía de los peligros que le podían esperar en esas ciudades por donde anduvieran. Aunque lo acompañaba uno de sus hermanos menores -Ramón- se le dificultaba andar con una mujer y un hijo suyo, por tierras que podrían estar plagadas no solo de bandidos, sino también de la codicia de los hombres que podían estar esperándolo en cualquier esquina en una población en la se vislumbraba los colores políticos de unos  de otros, en donde la mercancía podría ser retenida por inoficiosos que podrían sacar algún dinero a cambio de permitirle atravesar por esas tierras que todavía estaban sembrada de odios pasionales por el color de alguna bandera. No era ajeno a la situación que se vivía en el país recien salido del holocauto tras la muerte de Gaitán

Recordó entonces lo sucedido en su niñez, cuando su padre se fue para Alemania, motivado por el llamamiento del Fhurer a todos los antiguos miembros del regimiento del III Reich, y que lo hizo a sabiendas  de que su ida, le permitiría ir saber sobre el legado de familia que tenía pendiente, y además acompañado de su mujer, le permitiría compartir con su familia las celebraciones en Baviera y otras localidades, aunque dentro de sí, sabía que aquel sueño de Maritza era imposible de cumplir por los peligros que podrían pasar, en aquellos tiempos en que la violencia oficial todavía reinaba. Rogrelio no tenía certeza si esos pensamientos suyos sobre su origen, fueran ciertos. Pero de algo si estaba seguro, y lo sabía por su hermana y amigos cercanos de famlia donde se había criado, que su padre había viajado ilusionado, por el grado militar del que hacía parte, por el amor que sentía hacia su madre, y el amor familiar que su hermana, y familiares lejanos, que le prestaron en esos pocos años en que el padre se ausentó, con la madre que no volvería a ver. Además sabía de la capacidad de ésta en los negocios que supo cómo remplazar a Rigoerto y Marleni en la recuperación de la finca con tan buenos resultados, que cuando la tomó nuevamente Gabriel en óptimas condiciones, porque su administración fue eficiente en los pocos años que la administró, con buenos gananciales que ni ssus padres y hermanas podían decir que en algo había fallado. Solo el rastro amargo de la perdida del hijo que tuvo con Numa, y la muerte de Adina, y el hijo que ahora tenía como suyo. A pesar de todo, sabía que no lo podría acompañar en las correría largas, sobre todo bien alejados de Bogotá. Prefería mejor, que acompañara a Marleni en los pocos conciertos que quería hacer, reuniendo fondos para su revista.

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