Maritza aprovechando el viaje pendiente de Rogelio hacia el sur, decidió que lo acompañaría a Girardot para visitar a su padre de quien no tenía noticias, y además pretendía acompañarlo más allá de lo que este quería, y así conseguir su objetivo, aunque Ramón se opusiera. En fin dentro de sus ambiciones quería organizar una fiesta con toda su familia y acercarlos más para evitar que Rogelio se hiciera el desentendido.
- Pero mi amor, le dijo Rogelio. No habíamos quedado...
- No que va mi amor. No hemos quedado en nada. Nos vamos todos. Y listo. La plata es lo de menos. Mi papá allá nos colabora, y mis hermanas se van a poner muy contentas. Así que no, jovencito. Vamos todos, o nada.
Ramón qué sabía que estaba jugando con candela, intervino para decir que no se podía. Ellos iban a ganar dinero y no a divertirse.
- Pero cuñado qué dice. Cállese la boca mejor. Y acaso nosotras, no. Y luego cree que mi madre va a ir, así porque sí.
- No cuña, lo que pasa es que no es el momento. Nosotros vamos a ganar dinero. y y Ud. nos quiere aguar el trabajo.
Rogelio sin inmutarse entendió la animadversión de Ramón con Maritza, y sin decir nada, prefirió hablar de la importancia de ir a Girardot, y hacer clientela durane un buen tiempo; y sonriendo y abrazando a Maritza, le dijo:
- ¿Y crees mi amor, que vamos a ganar?
Y congratulándose con Ramón, le dijo:
- ¿Y no cree hermano que nos va a ir bien?
Una situación incómoda que Rogelio supo llevar, para evitar los malos entendidos, y aunque Ramón saabía que Maritza lo que quería era seguirlos en el viaje que tenín planedo hacia el sur del país.
Maritza sabía que llevaba las de ganar en las oposiciones que tuvieran con sus hermanos, y calculando bien la situación, le ijo a Rogelio:
- ¿Y por qué no invitamos a tu hermana? Y así staremos todos reunidos en esta ciudad tan epeialque ha sido para todos.
Rogelio estaba de acuerdo, y prefirió seguir con la idea que tenía acerca de la compañia de las mujeres en sus viajes, para evitar que Ramón tan acostumbrado como estaba, a dar rienda suelta a sus aventuras amorosas, y a lucirse con las apuetas que hacía con los dados en las calle, a ver de quién se aprovechaba para quitarle algunas monedas, pue era experto en engañar, y salir ganancioso cuando cerraban el negocio, ya fuera en la calles, o con la misma clientela, pues era un jugador empedernido, que ni el mismo personaje de Doctovieski en El Jugador, le llegada a su talla, porque este además lo hacía sobriamente con las mismas gaambetas que lo hiciera un jugador en trance por el aloquiriamento.
Fue entonces cuando Maritza intervino, dándole un beso a Rogelio.
- Tranquilo mi amor. Que nosotras las mujeres sabemos controlar dichas situaciones. Ramoncito puede jugar lo que quiera, pero no en nuestras narices, porque estaría mal visto por los clientes y los parroquianos que se den cuenta. ¿Sí, o no?
Ramón se hizo el desentendido y prefirió más bien despedirse.
- Bueno. Está bien. Shaw. Nos hablamos mañana.
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