Rogelio recordó cómo conoció a Maritza al mismo tiempo que la cercanía de la presencia de Numa se hacía más estrecha cuando asistieron en varias ocasiones al reencuentro del fraile muerto y sus supuestos milagros, que no eran más que la arrogancia del pueblo ante el holocausto sin sentido que vivía el país, y la sagacidad de algunos gobernantes pretenciosos para esparcir rumores a costa de aquellos crédulos que por su ignorancia les permitían ir más allá de lo esperado, y les auguraban el mejor de los mundos, sin tomar en cuenta la realidad en la que se encontraban. Numa fue uno de los que más llamó su atención sobre aquel engaño, y de los que se unieron para acabar con dichas creencias, mientras los incautos caían en masa ante los supuestos milagros que a diario se difundían en la publicidad de los periódicos, a espaldas de un gobierno que estaba convencido de que le permitiría saciar sus arcas personales. Aunque no era político, sabía que Omar prestaría mucha atención a las supuestas ganancias que se obtendrían tras la desaparición de Genaro y a la ayuda de Eurípides, quien día a día recopilaba más pruebas que corroboraban la desaparición de Genaro para presentarlas y ejecutarlas posteriormente en los contratos que tenía, y para compensarlas en su propio beneficio. Además, creía que los recientes acontecimientos, no en vano su paternidad y la de Maritza con respecto a Esteban, lo beneficiaban. Aún recordaba el horror que sintió al verse ante esa situación y las quejas de Maritza y Marleni ante la prematura decisión que tomó de salvar los hechos y así rescatar la presunción de inocencia. Los rumores, con el tiempo, desaparecerían. Eso creía él, a pesar de que otros dijeran lo contrario. En fin, Rogelio estaba convencido de que todo iba a salir bien, a pesar de lo ocurrido, y que por todos los medios había que evitar que los rumores se extendieran, más su decisión de evitarlo, tal como lo hizo Marleni con la complicidad de Maritza quien logró interrumpir un escándalo que era peligroso para sus vidas, y de paso crear la animadversión de un barrio preocupado por las circunstancias que vivían, y cuando ya veían las consecuencias de lo ocurrido con los hechos que rodearon la muerte de Gaitán y la escalada del gobierno y los esbirros que merodeaban como buitres tras deseos personales, donde todos estaban convencidos de que algo ganarían en estas revueltas.
Aun así, comprendió que convencerlos de su cercanía y del aprecio que sentía por Maritza era indescriptible, pues su sinceridad se vio socavada frente a Marleni, quien no veía con buenos ojos esta unión con su hija, aceptando que Esteban era hijo de ambos, sino más bien un compromiso en el que presumía que tendría algún beneficio, pues a los hombres como él no les importaba nada. Era comerciante. Eso presumía.
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