Los silenciosos 2. Capítulo 11.

De acuerdo a lo que comentó María, después que conoció a Epifanio, le pareció un hombre con mucha personalidad, y a Rosaura su mujer, quien  le acompañaba desde muy joven, con tal de sostener el negocio,  además de todo lo contado de manera susurrante y animada por esta, le pareció la de un matrimonio que no daba su brazo a torcer, ante los obstáculos.

- Son como lo creíste, en su momento. Echados para adelante. Te felicito por el nuevo socio que conseguiste.

Rogelio estaba contento. Apreció mucho lo que decía María, aunque esta no pensara en los otros negocios que tenía por delante. Recordó a Numa y los desencuentros que tuvo con Omar. Y aún así sus negocios iban bien. Ya Fernando le había enviado todo lo necesario para surtir a Epifanio, y la claridad con que este le iba mostrando los derroteros a seguir. El valor de las ganancias al por mayor debería ser un aproximado del 20%, cosa que le generarían sin tener que moverse a las poblaciones que había planeado con Ramón, y este en cambio tendría que acomodarse a seguir transportando las mercancía  de Bogotá a Girardot; y llevar de paso las pocas que llegaban de aquel puerto que venían de Honda. No eran tantas como las cualquiera pudiera imaginarse, pero para Rogelio representaban ganancias netas, porque él mismo de acuerdo a las leyes del mercado las ofrecía, mientras pensaba lo que podría seguir averiguando Omar con los posibles bienes de Genaro que figuraban en varias notarías de Bogotá, y de los cuales quería adelantarse a otros, que seguramente estaban detrás de su muerte, o de la desaparición de este, confiado en el contrato que tenían, y el de otro que había quedado en la cuerda floja, el edificio que siendo de un judío en la novena con once, y al que firmó otro contrato con Genaro estaba entre la espada y la pared, el cual podría perder. Sabía que habían varios entramados en esos oscuros negocios que dejó la violencia, ya sea porque los abandonaron, con el fin de salvar sus vidas; o de tantos otros que huyeron ante las circunstancias de ver destruidos bienes y sus mismas familias, o porque la misma naturaleza del ser humano era así. 

Recordó a Numa cuando le contaba acerca de los libros que vendía como "En Busca del Tiempo Perdido" de un autor francés que no recordaba, y le mostraba sus pasos juveniles en especial "Por el Camino de Swan" que pudo ser parecido a la de un Genaro metido en esa turbulenta vida cuando apareció surgido de la nada entre los vericuetos de las fincas boyacenses, y luego en la Bogotá de ese entonces, negociando con los comerciantes, hasta su presunta desaparición posterior en medio de la soledad, dejando como recuerdo a un hijo de ascendencia suya, o de una judía abandonada en los confines de una sociedad que como la suya, había sido parte de otra aventura de los hombres por realizarse entre aquellos confines indómitos a que lo había llevado las circunstancias de la vida. Sí, el hijo suyo, podría ser un vástago de una de esas familias de aquellos tiempos, que lograron librar a los suyos de las redes de los alemanes, huyendo de las persecuciones a que fueron sometidos, y en medio de esos pactos que tuvo Genaro en sus tratos, resultó favoreciéndolo, y contando con la suerte de estar vivo. Un judío de la misma descendencia por parte de la madre de aquel escritor del libro comentado por Numa y que contrastaba con la suya, del linage alemán de la creía ser parte, y por consiguiente uno de los perversos de la perdición de los judíos. Ni lo uno ni lo otro.  Y no es que fuera igual o idéntico a su padre, y del que toda la familia honraba, sino por cosas del destino de los hombres, en el que Ambrosio Ortega con su madre, partieron a esas tierras en conflicto, arguyendo el llamamiento de Hitler a unir fuerzas para conquistar el mundo, y aunque no se lo creía a pesar de ocupar un cargo militar, este había ido a buscar la posible herencia de sus padres, lo mismo que hizo su madre, y en medio de semejantes disputas que sucedieron en una Europa de guerra, y tras los fracasos que tuvieron, la madre falleció, y solo Ambrosio regresó frustrado por lo acaecido. Se consideraba diferente y ávido por conseguir lo suyo mediante los negocios. Sus triunfos de lo que vivían, era el producto de su paso por la vida. Numa, el viejo tuerto y zoquete, que tanto le sirvió, ya no existía, y a pesar de las discusiones  que tuvieron, le había dejado el legado de Maritza, y el hijo reconocido por estos como suyos, y a la familia que también tenía sus ambiciones, con una mujeres decididas a labrar sus destinos, más el de su propia familia, que como emprendedores eran los más pujantes de la región de donde provenían.

No era casual que estuvieran en Girardot a orillas del río Magdalena, adonde María con las amistades de sus hermanos intervino para organizar el agasajo que pretendía hacer Marleni y Maritza a los comerciantes que cautos,  ya sabían de una cantante que había llegado de Bogotá a participar de una fiesta secundada por Marleni, quien tenía preparada aquella recepción, muy cerca de la plaza principal de mercado, en la casa de Rigoberto.