Los silenciosos 2. Capítulo 9.

Aunque Rogelio pretendía darle gusto a Maritza, sabía que de llevarla consigo, tendría que acompañarla su mamá y las hermanas, pretendiendo con esto ser parte de las posibles fiestas que harían y de paso aguarle todo lo  planeado con Ramón, así de paso permitirse qué lo acordado no se cumpliera. Y sin embargo, quería aceptar una oferta que le había recomendado un paisano qué antes había conocido por los días en que se conocieron con Numa y Maritza, quien le habló de que hiciera una sociedad con un contabilista que tenía un negocio en el Camellón del Comercio, porque siendo preparado no contaba con los contactos que tenía en Bogotá y además porque no tenía los recursos económicos para sostenerlo a flote.

- Si Rogelio. A Ud. le sirve un buen socio . Que le ayude con la contabilidad, y además le ayude en los proyectos que tiene. Hágale le dijo. 

- Lo pensaré le dijo. 

Y así le sucedió . Luego de pensarlo y teniendo en cuenta su viaje proyectado le dijo a Ramón:

- Hermano: Te acuerdas de lo que te comenté hace tiempos . 

- No, no sé. Le respondió, este. 

Y entonces fue cuando le hizo caer en cuenta . 

- Qué montemos un negocio en Girardot, y así abarcamos los clientes que tenemos por estos lados. 

Rogelio no había olvidado la vieja propuesta de aquel paisano de esos años, y además conocía muy bien a Epifanio y de quien sabía que era muy apreciado por la comunidad de los comerciantes, que se preciaba por colaborar con los que necesitase alguna ayuda suya, pero como era un gremio que todo querían provecho, este todavía no había podido sacar su negocio a flote por la falta de recursos, y por el bloque que algunos le hacían, sonsacándole los clientes, a pesar que llevaba años llevando la contabilidad a varios comerciantes, ganancias que aprovechaba para invertir en su negocio que manejaba con la ayuda de su mujer y una empleada que llevaba años con este. Para esa época Rogelio llevaba años trayendo mercancías de contrabando por la Guajira, después de conocer la ruta y haber cosechado amigos que le llevaban mercancías de contrabando a buenos precios, por lo que ganaba mucho más de los comerciantes, que no tenían ni idea de cómo llegaba la mercancía a sus manos en el floreciente comercio de San Victorino, y que solo hasta ahora vislumbraba la idea que le dio en su momento aquel paisano.

 - Hola. Le dijo cuando lo encontró. Te acuerdas de mi. Le dijo.

- Claro respondió. Ud. es el vende mercancía a buenos precios. Hace tiempos no lo veía. ¿Y...?

Así fue como se conocieron. Rogelio recordaba todo. Y había pasado, un buen tiempo. Ahora eran amigos.